lunes, 1 de febrero de 2010

El hippie debe drogarse?


He recibido cientos de mails de yuppies angustiados diciendo: Quiero ser hippie pero no me drogo, tengo miedo, ayuda, ayuda.
Y como para eso estamos acá, para ayudar a la gente (por si quedaba alguna duda), les vamos a decir la cruda realidad.
El hippie debe drogarse.
Sí, un hippie sin droga es un coche sin perrito que cabecea, es una estrella porno sin siliconas, es EEUU con un presidente negro, en definitiva, es faltarle el respeto a un cliché.
Pero no se desmoralicen que nosotros los vamos a ayudar con un par de trucos.
Para ser hippies y minimizar el consumo de estupefacientes, siempre se puede apelar al consumo experimental.
Así basta con probar una par de drogas solo una vez. La mariguana, por ejemplo, sería un convidado infaltable en esta estrategia. Antes de poder autocalificarte como hippie (salvo si eres menor de edad que después va a venir tu papa y me va querer pegar) lo primero que debes hacer es fumarte un buen porro. Y no de la forma en que lo hicieron Bill Clinton y Mónica Lewinsky, ambos dicen no haber tragado el humo (perdón no lo pude dejar pasar).
Piensa que ello te ayudara a relacionarte con los otros hippies. Un estudio de Barkley indica que los hippies hablamos sobre drogas dos tercios del tiempo y el tercio restante nos lo pasamos mirando un punto fijamente. Además… Uh que bueno ese punto…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………
Que bueno… mmmm, en que estábamos… A sí, bueno eso, que no es necesario que se pasen la vida drogados para ser hippies, que basta con haber probado un par de cosas y listo, eso sí, no vayan diciendo que solo probaron una vez. Hablen, más bien, de “cuando yo fumaba” y cosas por el estilo, con verbos en pasado imperfecto. Los hippies suelen ser muy comprensivos con la gente que deja las drogas, ya que muchos de ellos han tenido que pasar por clínicas de rehabilitación.
En futuros post hablaremos de los alucinógenos pero me parece que este en particular habría que dedicárselo a la mariguana.
Los efectos narcóticos de la planta son producidos por los canabinoles que contiene. Estos activan los receptores de anandamida. La anandamida cumple una función en el cerebro que generalmente consiste en la inhibición de la presinapsis. ¿Qué? Inhibición de la presinapsis. Sí, pero eso con que se come. Mmm ya deberían saber que es una sinapsis. Es, básicamente, un espacio entre dos neuronas que sirve para que se comuniquen entre si. En la mayoría de los casos la comunicación es direccional hay un emisor y un receptor. Bueno la presinapsis es el emisor y generalmente es un axón. Del otro lado está la postsinapsis cuando esta es activada envía una señal inhibitoria a la neurona que mandó el mensage original para que deje de mandar información. Más o menos la anandamida sirve para que una neurona le diga a la otra “ si ya te escuche no me molestes más, plasta!”.
Entonces vamos nosotros y nos fumamos un buen porro llenando nuestro cerebro de canabinoles que se unen a los receptores de anandamida. El resultado es que la neurona se inhibe antes de mandar el mensaje. El mensaje que nunca llega es ese que nos recuerda donde pusimos el mechero.
Hace poco salió un artículo bastante interesante en la revista Nature acerca del rol del receptor de anandamida, CB1, en los procesos de aprendizaje y plasticidad neuronal. En el trabajo que fue firmado por Joana Lourenço se analizaba como la presencia de este receptor deprimía la comunicación entre neuronas o la potenciaba dependiendo de si se encontraba, o no, en neuronas inhibitorias. Así este estudio demuestra que la actividad concertada en la presinápsis de los receptores CB1 junto con otros receptores (kainato) es la que media la depresión a corto plazo de la transmisión sináptica inhibitoria. Todo esto es más interesante aún si tenemos en cuenta que se eligió la estructura que se encarga de “construir” la memoria para realizar el estudio. Bajándolo a un lenguaje más claro, si no está el receptor de canabinoides CB1 no se produce depresión en la transmisión sináptica. Obviamente, esta transmisión debe ser especifica para generar el patrón que terminará en eso que llamamos un recuerdo.
Al interferir en ese circuito cuando nos fumamos un porro generamos una distorsión en ese patrón lo que puede estar involucrado en los déficits de memoria producidos por la droga.
Cabe recalcar que algunos de estos cambios pueden involucrar fenómenos de plasticidad a largo plazo que nos van a acompañar por el resto de nuestra vida.
Espero que este ecléctico post los haya confundido lo suficiente, hasta luego.

2 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
raztez dijo...

Hola anónimo, te cuento que soy ateo, en el recuadro de arriba a la derecha tenés una explicación del blog. Saludos y no dudes en volver que me gusta mucho borrar comentarios.