lunes, 19 de abril de 2010

Genética de la orientación política.

La otra vez estaba comentando en el blog de Laura (un abrazo) y diciendo que, como este es un blog de ciencia, no suelo hablar mucho de política. Acto seguido, Laura me retó por aquello de que la ciencia no está separada de la sociedad. Bueno, no, pero si estoy hablando de microscopía electrónica, se me hace difícil relacionarlo con que todos los que votan a Macri son unos garcas/pelotudos.


Me ofendí, hice puchero un rato delante del ordenador y decidí vengarme. Muajaja voy a hablar de política desde un enfoque biológico-científico. Ya lo saben, o gano, o pateo el tablero, y si puedo hacer los dos mejor.

Básicamente los biólogos (y otros científicos menos simpáticos) nos pasamos el día leyendo, escribiendo y haciendo experimentos. En los momentos de descanso nos dedicamos a hablar de temas generalmente bastante aburridos y, cada tanto, el tema del trabajo reflota de entre sus cenizas, como un mosquito fénix, molesto y candente.

Un tema recurrente y que suele devenir en discusiones bizantinas es la influencia genética en la personalidad. Que esto es más adquirido, que esto es más genético, una y otra vez se dan discusiones de nunca acabar. Muchas se terminan cuando se pone un artículo con referato sobre la mesa. Y eso es lo que tengo en mis manos, una revisión fresquita, de hace una semana, escrita por Richard P. Ebstein y colaboradores, que se titula Genetics of Human Social Behavior o, en cristiano, genética del comportamiento social humano. Tiene varios apartados que iremos tratando en los sucesivos días. Y entre ellos tiene uno sobre política.


Antes de seguir con el post creo que puede ser importante aclarar mi posición con respecto a la interacción entre la biología, la psicología y la biología. La relación histórica de la biología con la sociología ha sido tortuosa, la aparición de la sociobiología, que fue muy criticada en su momento, y los intentos de darwinismo social crearon una especie de fobia a que se mezclen ambas disciplinas. Yo considero que ese primer paso en falso no debe evitar que ambas se complementen. Dentro de mis, más que modestos, conocimientos de sociología muchas veces siento que la misma carece de la rigurosidad esperable para una disciplina científica. A mi entender, el que la sociología se cierre totalmente al aporte de la biología sería, por parte de los sociólogos, un desafortunado acto de necedad.

Volviendo al artículo del que estábamos hablando. Los autores decidieron analizar la hipótesis de que la orientación política tiene una influencia genética. Para ello decidieron estudiar este comportamiento en gemelos monocigóticos (mellizos) y dicigóticos. Los mellizos tienen el genoma exactamente igual, son como clones, mientras que el resto de los gemelos solo comparten el %50 del genoma. En parte, los estudios se orientaron a buscar diferencias en el grado de similitud, valga la paradoja, con respecto a las tendencias políticas entre ambos grupos de gemelos. Sí, sí, ya sé que no se entendió nada, a ver, la idea es que un aumento en las similitudes entre mellizos con respecto a los otros gemelos es debida a un componente genético, ya que los componentes sociales y culturales no deberían diferir significativamente entre los grupos por el hecho de ser mellizos o gemelos dicigóticos.


El resultado fue categórico, la tendencia a ser progresista o ser conservador es heredable, está escrito en los genes de las personas. ¿Y la elección del partido político? Esa es otra historia. La herencia relacionada con la política no es total sino parcial, tenemos “libertad de elección” más allá de nuestros genes. Estos no se comportan como cadenas que nos anclan a una ideología, sino, más bien, como una banda elástica que tira para un lado u otro, para ser progresista (de izquierda según mis parámetros) o para ser conservador (derecha). Por otro lado, estos alineamientos son bastante difusos, es posible que haya personas de derecha que sean bastante progresistas, solidarios y tolerantes, y viceversa.

Un punto interesante que es discutido en el artículo es que los valores y prioridades sociales no parecen tener un peso genético tan grande como el posicionamiento político, aspectos tales como la tradición, la benevolencia o el hedonismo solo son heredables en un porcentaje que iría del %11 al %38.


Un aspecto que sí es relevante en cuanto a la participación política es la conducta prosocial. Esta fue definida por Vander Zanden James como los actos que se realizan en beneficio de otras personas; las maneras de responder a éstas con simpatía, condolencia, cooperación, ayuda, rescate, confortamiento y entrega o generosidad. Este aspecto es altamente heredable/genético con porcentajes superiores al %60.

Después el artículo se pone incluso mejor, parece que la gente que más va a votar en EEUU, donde el voto no es obligatorio (ya les vale encima que se molestan en ir podrían poner mejor el voto), presenta diferencias en cuanto a genes involucrados en el sistema serotoninérgico y dopaminérgico. Estos sistemas están fuertemente involucrados en la empatía y en el sistema de recompensa, respectivamente.

Cabe aclarar que los estudios con gemelos presentan distintos tipos de problemas que, en algunos casos, hacen que los resultados sean poco reproducibles, más estudios serían necesarios para reforzar estas observaciones.

Por ejemplo, un estudio interesante a nivel social puede ser investigar las tendencias políticas de los hijos de desaparecidos durante la época de la dictadura en Argentina. Sistemáticamente, el gobierno dictatorial se dedicó a robar los bebes de las personas que iba acecinando, generalmente militantes de izquierda. Estos bebes fueron entregados en adopción a personas que simpatizaban con el régimen dictatorial. A partir del regreso a la democracia, las organizaciones de derechos humanos han logrado que muchos de estos hijos de desaparecidos recuperaran su identidad. Si relacionamos todo esto con el estudio que les estaba comentando, se podría predecir que los hijos de desaparecidos recuperados heredarían rasgos políticos por parte de los padres que serían diferentes a los adquiridos por el entorno en el que crecieron. Los hijos recuperados pueden contarnos como vivieron su desarrollo como seres políticos. Lugo habría que comparar estas experiencias con las de un grupo de personas con familias con orientaciones políticas similares a los “padres adoptivos”. Finalmente otro aspecto que puede ser interesante estudiar es la diferencia en la conducta prosocial de ambos grupos.


4 comentarios:

Laura dijo...

Primero: no me haga puchero que me agarra culpa! Le paso una carilina, mire...
second: me refería a un aspecto más general de la ciencia como un campo no-neutro. Usted viene y me escupe el asado después de 10 años de machacar en la cabeza de bestezuelas sub-20 que la ciencia no es neutral, que siempre hay intereses que "permiten" o impulsan determinadas líneas de investigación, que su financiamiento obedece a factores políticos, que el desarrollo científico de un país (el nuestro, póngale) es una decisión política, etc, etc...
Tercero: Gracias: me trajo a la memoria los trabajos de gemelos monocigóticos de Lewontin (creo que era él) donde los gemelos habían sido separados al nacer, y después de décadas, nada tenían que ver uno con el otro, no sólo físicamente (lo que demostraría que lo social influía en el desarrollo corporal-alimentación, actividades físicas realizadas, grupo familiar de socialización) sino tambien en las habilidades "intelectuales. Con las inclinaciones políticas no se metía...
Y tiene razón. los sociólogos dejan bastante que desear, por suerte están los antropólogos!
Un abrazo

Azul Ixcuintla dijo...

Interesante Artículo
Saludos PTB :)

raztez dijo...

Por supuesto Laura, la sociología se la come y la antropología se la da.

Muchas gracias Azul.

Laura dijo...

Ve? Cuando la discusión toma un carácter académico, se eleva el debate y es posible llegar a acuerdo!