miércoles, 21 de enero de 2015

Nisman, crónica de la bobada anunciada.

Aparentemente la presidenta, un canciller medio zurdo, uno de los jefes de la Cámpora y el ex piquetero Delia hicieron un complot para asegurar que unos iraníes que están fuera del alcance de la justicia argentina… bueno… sigan fuera del alcance de la justicia argentina. Todo  a cambio de vaya uno a saber qué cosas.
El “complot” fue descubierto por un fiscal y por todos los que leyeron los diarios donde salía que Argentina había dado un primer paso para mejorar las relaciones con Irán. Después de un gran trabajo que incluyó recibir información falsa de  un ex agente de la SIDE y aceptar “sugerencias” de la embajada de Estados Unidos, el fiscal presentó una carpeta denunciado a los antedichos en medio de la feria judicial. El trabajo fue tan arduo que debió suspender sus vacaciones pero por suerte le dejó tiempo para ir a un montón de programas de televisión opositores.
Justo antes de defender su posición en el congreso el fiscal recibe un tiro, más allá de las dudas sobre si es autoinflingido o no, los medios opositores y algunos caceroleros culpan a la presidenta.
Es obvio, la única forma de acallar una denuncia que ya se presentó y que está por escrito es matando la persona después de haber presentado el escrito.
Sin embargo en el gobierno estaban equivocados. Lo que el fiscal escribió no desapareció por arte de magia cuando lo mataron y ahora la presidenta de argentina va a tener que pagar por los graves crímenes que le imputara el difunto fiscal.
Esos crímenes son: ninguno.
Porque el accionar detallado en el texto no constituye un delito y las relaciones internacionales son parte del trabajo de un presidente y de un canciller.

Pero Cristina va a tener que responder por el asesinato del fiscal!! Por supuesto!! Primero hay que averiguar si fue un asesinato… después si la presidenta participó de alguna forma y por último estaría bien encontrar algún motivo. Silenciar a gente que la acusa sin fundamento no parece un motivo suficiente. Vamos, si la presidenta fuera tan impulsiva Lanata y Carrio ya estarían muertos. Lo que me hace pensar… ¿si alguien “suicidara” a Carrio y a Lanata no afectaría a la imagen del gobierno?
¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para perjudicar al gobierno?

Es posible que Lanata y Carrio sean más útiles vivos que muertos, lamentablemente ese no fue el caso de Nisman.

El presunto asesino de Nisman tomando un aguita porque salio con el blazer y hace calor